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Francisco Guardeño
Los clientes pasan a ser el epicentro de la empresa.
La totalidad de los proyecto que se desarrollan en la empresa se planificarán en torno al cliente, tomándolo siempre como referencia, y en una continua adaptación a sus necesidades en un ámbito cada vez más cambiante.
La orientación de la organización hacia el cliente requiere un esfuerzo continuo de la dirección y de todos los empleados, ya que “supone un cambio en los hábitos la forma de pensar y de actuar por parte de la estructura".
Esto generará resultados positivos. Según V.Alonso y A.Blanco:
“El compromiso que nace en el personal cuando se consigue que el servicio al cliente sea la misión última de la empresa tiene un efecto difícilmente cuantificable y genera entusiasmo en todos los niveles de la organización. Los objetivos de beneficio, aunque necesarios, están centrados en la propia empresa y desde luego, no inspiran al conjunto de las personas que la forman. En cambio, los de servicio son casi siempre significativos para los empleados”.
Por lo tanto, podemos observar que la calidad de un producto y/o servicio es consecuencia de las fases del trabajo (su preparación, ejecución, control y seguimiento) hasta su posterior terminación. Todas las fases están condicionadas a una adecuada calidad para conseguir la satisfacción del cliente
De esta forma, toda la organización, tanto lo empleados como la Dirección, tienen que asumir el modelo de gestión denominado modelo de relación cliente-servidor: “Según este modelo, cada persona observa a aquel que debe ejecutar la fase siguiente del trabajo como su próximo cliente, y a aquel que ha ejecutado la fase anterior como su próximo proveedor”.
Este modelo permite:
Satisfacer al cliente en la entrega, coste, precio y calidad adecuados.
La permanencia de la empresa en el mercado y su crecimiento sostenido, sobre la base de la satisfacción del cliente.
Y este modelo de relación no se reduce únicamente a qué entregamos (el producto o servicio en sí, que ha de ser de calidad), sino también al cómo lo entregamos, buscándose con ello un ambiente en que todos tomen conciencia de que trabajan para el bien común, desarrollándose actitudes positivas, tales como escuchar al cliente, comunicar eficazmente, siendo en todo momento asertivos.
“En este modelo se halla involucrada toda la empresa. Cada persona en la empresa es proveedor, agrega una nueva fase en la concepción del producto o servicio que se ofrece: confecciona un plano, formula un pedido, da un servicio, embala un producto, lo almacena, limpia, conduce una carretilla, instala un recambio o dirige. Es decir, genera algo nuevo en el proceso que va a parar a manos de otra persona que se convierte en cliente del primero, y que será a su vez proveedor luego de aportar su trabajo”. (Alonso y Blanco)
Con este modelo se establece un sistema de intercambio en el cual cada persona de la empresa es a la vez proveedor y cliente –externo e interno–.
La satisfacción de las necesidades de los clientes se tiene que llevar a buen término mediante:
- Medir las características input y output
- Compararlas con los valores de referencia (las necesidades efectivas)
- La reducción de errores para conseguir “cero defectos”
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